No puedo recordar cuando fue la última vez que esta sensación llego a mi, pero sé que pude mantenerla a raya.
La última vez yo era todo una experta en los asuntos de las relaciones humanas; hoy no lo soy más. Podría decir que estoy asustada y me siento como una vieja tratando de conquistar a un niño.
Lo cierto es...no soy una vieja y no tiene tanto tiempo que no me relaciono con alguien, creo, sólo estoy un poco asustada.
En mí vida, han sucedido tantas cosas como conflictos en el mundo; tantas catástrofes como árboles caídos y tantos desamores como humanos muertos. No me lamento de nada de lo anterior, pues han sido experiencias ciertamente reconfortantes.
Sin embargo, en esta búsqueda de encuentros y desencuentros, por estos días me he topado con algo inesperado. Bien dicen que: Las mejores cosas se hacen esperar, y supongo, esto no me lo esperaba.
Tratar de describir la oleada de sensaciones prácticamente olvidadas, sería como tratar de describir un terremoto en Marte, así que sin darle más vueltas al asunto estoy en medio de algo turbulento, algo desprevenido y desconocido; no tiene solución y no sé pararlo, probablemente sea porque estoy un poco oxidada en el asunto o es quizá que mi subconsciente no quiere detenerlo. Pero yo sí, estoy la etapa de no saber sí esto es lo que espera o sólo es la necesidad de llenar un espacio vacío.
No sé...de lo único que estoy segura es: Compartimos el mismo sol.

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