martes, 26 de febrero de 2013

Los tercetos de mi vida.

Probablemente cuando empecé  a escribir tenía miedo... aun ahora sigue ahí.
No creo ser la mejor poeta pero dicen que el ritmo es la vida.
No son tercetos, es la vida que toco.

¿Cómo saber que lo he superado? ¿Cómo saber que no enloquezco? Eres tú o soy nadie. 

¿Cómo se sabe que se ha ganado? ¿Es que aun sigo viviendo?
La vida, así sigue su paso, entre medicamentos, cigarros y alcohol, nada ha cambiado.

Han pasado años, en los que me he rehabilitado, he empeorado y probablemente hasta enloquecido...enloquecer es parte de la vida. Yo como escritora, estoy más propensa a perder la cabeza.
Y es que cuando tus mejores amigos son la poesia, la música y los cigarillos, no se tiene esperanza. 

Uno se pierde y ya, entre las muchas palabras de los libros, la dolorosa poesia y la tan inexplicable prosa, uno no sabe hacia donde va. No sé cómo describirme después de tantos años de anguistia acumulada, dolor implacable y asencia presente. 

Se sabe además que las personas sanas, no le tienen miedo a nada y yo no confio ni en mi sombra. 
Le tengo a miedo a todo, son las terribles consecuencias de una adolescencia prematura mal vivida, drogas, sexo, alcohol y cigarros. No soy el ejemplo a seguir. No tengo nada.

Esto definitivamente no tiene ritmo y metro por lo que leo, sólo me tiene a mí, en las más sinceras palabras de locura y olvido, Soy yo en palabras adornadas y de fácil entendimiento al lector, que por supuesto no tiene un interes neto en mi vida personal y a decir verdad, eso no importa.

Me gusta escribir sobre mí nada sobresaliente vida, llena de desencanto y dolor agudo en cada palabra y poema escrito, he de conceder que no soy muy amena para la escritura personal, soy anacronica y aburrida, fea y desencantada, no pretenderé ser otra cosa.

Aquí es lo que hay, soy como el personaje de un libro viejo de aventuras modernas, no es que sea importante pero asi me siento, como dentro de la novela que estoy escribiendo. ¿En dónde está mi final feliz? Para mí no hay, no existe. 

Sería terriblemente pretencioso escribir sobre una felicidad fallida con señales de exitosa ¿Eso se puede? 
Creo que no, hay cosas en las que uno no puede mentir, aunque se quiera con ganas, no es correcto. 
Eso exactamente es lo que pasa aquí.

He dejado las mascaras de lado, para dar paso a esto... que no tiene nada. 
Han pasado años pero no se puede seguir adelante con los problemas encima,
Quiero dejarlos ir pero no sé como, ellos me consumen como la cocaina, tres veces al dia.

No es la mejor analogía, pero es cierta. 
No soy adictiva pero si radioactiva, Me siento como una bomba de tiempo.
Siento que he ido muriendo.

Lento, profundo, abnegado.
Ausente, doliente a cada paso.
A cada extremo, me muero.


He de dejar ir esto... pero llevara tiempo.

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